


Durante el servicio dominical, los líderes Juan Cruz, Ángela Espitia y Mariana Quintero compartieron con alegría y gratitud lo que Dios ha estado haciendo en sus corazones. A través de sus palabras, la iglesia se animó a contemplar la belleza de la unidad en Cristo, una unidad que no surge de acuerdos humanos, sino del quebrantamiento que produce el Espíritu al abrazar la humildad de Jesús. Cada uno expresó cómo dejar atrás la vieja naturaleza y asumir el carácter de Cristo transforma no solo la vida personal, sino también la vida en comunidad.
El testimonio de los líderes fue un vívido reflejo de la gracia santificadora de Dios, que moldea corazones y forja el verdadero servicio. La iglesia recibió con alegría estas palabras, no solo como una enseñanza, sino como una confirmación de que Dios continúa obrando profundamente entre su pueblo. Cuando los líderes se humillan, sirven y comparten con sinceridad lo que el Señor está haciendo en sus corazones, la iglesia se edifica y el mundo puede ver, a través de sus vidas, el testimonio de un evangelio que transforma con amor, verdad y gentileza.